Lo tengo todo



A veces, en un momento de tranquilidad, me siento feliz. Como si lo tuviera todo.

A veces dejo de sentir preocupación y ansiedad por “tener”.

Me siento agradecido y me doy cuenta de mi fortuna. Puedo sentir, oler un perfume, saborear una uva o ver un atardecer. Puedo andar, hablar, querer y soñar.

Me doy cuenta de que lo material es insignificante al lado de todo eso.

La vida más lujosa no es nada sin salud, sin amigos, sin familia.

Antes me causaba conflicto no poder comprar tal o cual cosa. Solía decir “es que soy pobre” por no poder darme un lujo.

Eso no es ser pobre, ser pobre significa no poder cubrir necesidades básicas, que en lugar de preocuparte por llegar a tiempo al cine te preocupe si vas a comer o dónde pasarás la noche.

En cambio, tengo acceso a internet, energía eléctrica, agua, transporte e infinidad de facilidades.

Pienso en todo aquello que doy por hecho y que me hace la vida más fácil.

No tuve que investigar analgésicos durante años y puedo enfrentar una cirugía con anestesia. No tuve que hacer cientos de experimentos con vehículos para poder viajar a lugares lejanos. No entiendo cómo rayos funcionan los impulsos eléctricos en el procesador de esta computadora, pero puedo usarla.

Tengo todo eso y más.

Aunque no llegue a conseguir muchas de las cosas que deseo; si hago cuentas, salgo perdiendo.

Tengo todo porque tengo lo más importante.

Tengo miles de libros, están en las bibliotecas públicas; tengo un lugar para descansar con vista al mar en las playas; tengo los paisajes más impresionantes en el horizonte.

Algunos pensarán que eso no significa que sean de mi propiedad. Y tienen razón, sólo puedo tener eso por poco tiempo.

¿Pero cuál es la diferencia?

Todo lo que existe ya existía mucho antes de que tú o yo llegáramos a este mundo, y seguirá aquí mucho tiempo después de que nos vayamos.

En magnitudes cósmicas tener una casa, un libro o un auto por una semana o 70 años da lo mismo.

Haría falta preguntarnos si realmente podemos tener algo.

Pensándolo bien… no puedo tener la vista al mar, el atardecer o las olas.

No tengo nada.

Más bien soy parte de.

Soy parte de todo y todo es parte de mí.

Mirando el cielo de una noche estrellada.

Puedo percibir su palpitar.

Tomar una gran bocanada de aire. Suspirar.

Y por ese instante sentir en mis entrañas una profunda comunión con el universo.

A pesar de las vicisitudes.

Estamos aquí.

Tenemos vida. Y tener vida es tenerlo todo.