Oscuridad
He mirado al cielo, no está la luna, no están las estrellas. Sólo hay oscuridad.
Ya no lo puedo contener, no puedo encontrar alivio si está dentro de mí.
Cada uno de los recuerdos tirando de cada fibra de mi corazón.
Hacia afuera. Hacia adentro.
Una lucha de jalar la cuerda para hacerlo trizas.
Explotar en un estruendo o colapsar en su vacío.
Cada latido un esfuerzo consciente y doloroso. Como lavar una herida abierta que no cierra. Tallar, enjuagar. Tallar, enjuagar. Sístole, diástole. Tuc tuc. Tuc tuc. Tuc tuc.
Siento hervir la sangre, siento náuseas y se me nubla la vista. Pierdo el equilibrio y no puedo hablar, la comunicación ha sido delegada a estos dedos que se mueven sin cesar.
La voz apenas un quejido ahogado por la presión del nudo en la garganta.
Cuerdas invisibles tirando hacia adentro y hacia afuera.
Muy débiles para hacerme pedazos pero muy fuertes como para ignorar el dolor. Cualquier movimiento en falso puede acabar conmigo, dejarme malherido.
Debo deshacerme de esto antes de que esto se deshaga de mí.
Desenredar este tejido enmarañado de emociones, sentimientos y pensamientos.
Hurgando a oscuras en este enredo para encontrar ese hilo suelto para tirar de él y poco a poco deshacer esta enredadera que me estrangula.
Aquí he podido encontrar ese hilo suelto, halando de él a través de estas líneas.
Aunque no se ha ido por completo, poco a poco la tensión disminuye mientras me doy cuenta que el dolor había provocado que cerrara los ojos con fuerza.
Poco a poco, haciendo un esfuerzo y abriendo los ojos lentamente...
Siguen ahí.
No se han ido.
Ni la luna. Ni las estrellas.